Manuel Azaña Díaz (1880-1940), el político más importante de la II República, nació en Alcalá en el seno de una familia liberal acomodada. En 1914 se afilió al Partido Reformista de Melquíades Álvarez. Años más tarde, 1925, fundó el partido Acción Republicana. Fue ministro de la Guerra del Gobierno republicano presidido por Niceto Alcalá Zamora. Tras la dimisión de Alcalá Zamora, Azaña fue nombrado Presidente del segundo Gobierno provisional (1931-1933) y posteriormente la Cortes lo eligieron Presidente de la II República (1936-1939). Durante su presidencia se llevaron a cabo importantes reformas en el ejército, la educación y la propiedad agraria con el propósito de modernizar España, pero la reacción de la Iglesia y de algunos sectores del Ejército provocaron su dimisión. En 1936 tomó de nuevo las riendas del poder en sustitución de Diego Martínez Barrio. Su Gobierno permaneció en Madrid hasta que las tropas de Franco asediaron la capital de España. En octubre de 1936, Azaña se trasladó con el Gobierno a Barcelona y finalmente a Valencia. El 27 de febrero de 1939 presentó su dimisión como presidente y se exilió en Francia donde murió en Montauban en 1940. Pero no fue solo su actividad política, también destacó como escritor e intelectual, llegando a ocupar la presidencia del Ateneo. Dirigió las revistas La pluma y España además colaboró con los periódicos El Imparcial y El Sol. Escribió la novela El jardín de los frailes (1927) y la obra de teatro La Corona (1928). Tradujo varias obras de Voltaire y George Henry Borrow. Entre sus ensayos destacan Plumas y Palabras (1930) y La invención del Quijote (1934). La Huelga General de 1934 en Barcelona le hizo escribir sobre la insurrección en Mi rebelión en Barcelona (1935). En plena Guerra Civil publicó La velada de Benicarló (1937) y Los cuadernos de la Pobleta. |